Ex Ministro del Interior
El País – septiembre 4 de 2007
Las Farc están mostrando su rostro humanitario. Es conmovedor. Desde San Francisco de Asís no veía el mundo tanta ternura, unos corazones tan entregados al amor. Imaginar que van a devolver los cuerpos de los once diputados es una prueba inefable de sus virtudes más preclaras. Después de haberlos tenido encadenados durante años, de haberlos secuestrado a punta de engaños y fusiles, de haberlos utilizado como moneda de cambio para sus siniestras aspiraciones políticas y de haber gastado tanta munición en la inevitable tarea de masacrarlos, devolver sus despojos es un acto que el mundo ha de celebrar con sincera admiración.
Cuando escribimos estas líneas, ya se sabe que la Cruz Roja Internacional anda en algún paraje del Cauca esperando esa maravillosa contribución a la paz del país. Desde luego, acompaña la comitiva Álvaro Leyva, quien será el primero en cantar las alabanzas de un acto semejante. Y saber que algunos dudaban de las intenciones purísimas de quienes se formaron en la piadosa escuela de ‘Tirofijo’, así llamado porque mataba alcaldes de un solo disparo entre los ojos, economizándoles las torturas de largas agonías. Con semejante maestro, no era para menos.
Están dispuestos a conversar con el camarada Chávez, camarada suyo, sobre la entrega de 45 desgraciados que cayeron en sus manos hace unos años, por allá cuando en los gobiernos de Samper y Pastrana se solazaban robándose compatriotas para plantear nuevos intercambios. Pero en todo caso conversar ya es mucho decir y de gente que conversa, así sea con un amigo como Chávez y con una amiga tan amiga de su amigo como Piedad Córdoba, no puede decirse cosa mala. Qué desprendimiento, qué maneras exquisitas, cuánta voluntad para hacer una patria amable, cómo será cuando tome el poder el Polo, a quienes volvieron a manifestar su aprecio y devoción.
Nadie sabe a quién devolverán. Tal vez Ingrid Betancourt, a la que han torturado por más de cinco años, pero por culpa de ella, que no entendió que el honor de estar con las Farc es superior a todo, como lo ha probado cierta holandesa que milita en sus filas y lo ha escrito en unas memorias enternecedoras. A lo mejor venga Clara Rojas, pero quién sabe si su hijito Emanuel sea incluido entre tanto privilegio, porque estando tan difícil reclutar niños, no hay para qué dejarlo ir, siendo su padre un miembro de la familia. Algunos soldados llegarán, para que la señora de Asfamipaz pueda justificar tanta contribución del extranjero. No es descartable que entreguen algún político, el que los tenga más aburridos con sus discursos. O a lo mejor los entregan a todos. Serán menos bocas para alimentar y el inventario que se envejece pierde la gracia.
No hay qué hablar de los centenares de infelices que andan en campamentos como retenidos económicos. Alcahuetear la indisciplina fiscal con las Farc sería imperdonable para el coronel y la senadora. Que no se exagere. El que siga atrasado en impuestos que se pudra en la selva. O que pague. Al fin y al cabo, sólo sus familias saben sus nombres y la caridad no puede ser con desconocidos. La virtud moderna debe gozar de impacto en los medios o no vale. La de San Francisco de Padua o el de Asís, no fueron eficaces. Les faltó noticiero. Por eso ‘Raúl Reyes’, que vive, y ‘Manuel Marulanda’, alma bendita, son de verdad verdadera, los nuevos ejemplares del amor humano. Dios los bendiga.
El País – septiembre 4 de 2007
Las Farc están mostrando su rostro humanitario. Es conmovedor. Desde San Francisco de Asís no veía el mundo tanta ternura, unos corazones tan entregados al amor. Imaginar que van a devolver los cuerpos de los once diputados es una prueba inefable de sus virtudes más preclaras. Después de haberlos tenido encadenados durante años, de haberlos secuestrado a punta de engaños y fusiles, de haberlos utilizado como moneda de cambio para sus siniestras aspiraciones políticas y de haber gastado tanta munición en la inevitable tarea de masacrarlos, devolver sus despojos es un acto que el mundo ha de celebrar con sincera admiración.
Cuando escribimos estas líneas, ya se sabe que la Cruz Roja Internacional anda en algún paraje del Cauca esperando esa maravillosa contribución a la paz del país. Desde luego, acompaña la comitiva Álvaro Leyva, quien será el primero en cantar las alabanzas de un acto semejante. Y saber que algunos dudaban de las intenciones purísimas de quienes se formaron en la piadosa escuela de ‘Tirofijo’, así llamado porque mataba alcaldes de un solo disparo entre los ojos, economizándoles las torturas de largas agonías. Con semejante maestro, no era para menos.
Están dispuestos a conversar con el camarada Chávez, camarada suyo, sobre la entrega de 45 desgraciados que cayeron en sus manos hace unos años, por allá cuando en los gobiernos de Samper y Pastrana se solazaban robándose compatriotas para plantear nuevos intercambios. Pero en todo caso conversar ya es mucho decir y de gente que conversa, así sea con un amigo como Chávez y con una amiga tan amiga de su amigo como Piedad Córdoba, no puede decirse cosa mala. Qué desprendimiento, qué maneras exquisitas, cuánta voluntad para hacer una patria amable, cómo será cuando tome el poder el Polo, a quienes volvieron a manifestar su aprecio y devoción.
Nadie sabe a quién devolverán. Tal vez Ingrid Betancourt, a la que han torturado por más de cinco años, pero por culpa de ella, que no entendió que el honor de estar con las Farc es superior a todo, como lo ha probado cierta holandesa que milita en sus filas y lo ha escrito en unas memorias enternecedoras. A lo mejor venga Clara Rojas, pero quién sabe si su hijito Emanuel sea incluido entre tanto privilegio, porque estando tan difícil reclutar niños, no hay para qué dejarlo ir, siendo su padre un miembro de la familia. Algunos soldados llegarán, para que la señora de Asfamipaz pueda justificar tanta contribución del extranjero. No es descartable que entreguen algún político, el que los tenga más aburridos con sus discursos. O a lo mejor los entregan a todos. Serán menos bocas para alimentar y el inventario que se envejece pierde la gracia.
No hay qué hablar de los centenares de infelices que andan en campamentos como retenidos económicos. Alcahuetear la indisciplina fiscal con las Farc sería imperdonable para el coronel y la senadora. Que no se exagere. El que siga atrasado en impuestos que se pudra en la selva. O que pague. Al fin y al cabo, sólo sus familias saben sus nombres y la caridad no puede ser con desconocidos. La virtud moderna debe gozar de impacto en los medios o no vale. La de San Francisco de Padua o el de Asís, no fueron eficaces. Les faltó noticiero. Por eso ‘Raúl Reyes’, que vive, y ‘Manuel Marulanda’, alma bendita, son de verdad verdadera, los nuevos ejemplares del amor humano. Dios los bendiga.
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