sábado, 22 de septiembre de 2007

La plana. Por: Julio César Londoño

El Polo, la U y la inteligencia de las Farc

El País - Septiembre 15 de 2007

Las Farc son brutales siempre, pero no siempre son brutas. Una prueba de su astucia política la dieron hace quince días, cuando publicaron una declaración sobre el intercambio humanitario donde insertaron, como quien no quiere la cosa, una nota de apoyo al Polo Democrático. Lo que siguió luego debe tener a ‘Don Tiro’ bailando en una pata: voceros del Gobierno y de otros sectores de la derecha le exigieron al Polo que rechazara ese apoyo con la misma vehemencia con la que ha criticado la fetidez parapolítica.
Gustavo Petro y Antonio Navarro acataron el llamado y rechazaron la adhesión de las Farc, y Petro volvió a manifestar su repudio por el asesinato de los ex diputados, acto que llamó “un crimen de guerra”.Lucho’ Garzón los respaldó, pero Carlos Gaviria se rebeló, dijo que el Polo ya había marcado con claridad su deslinde de las Farc y que él no tenía por qué estar haciendo declaraciones sobre cada una de las actuaciones de ese grupo, ni mucho menos hacerlas en los términos que el Gobierno dictara.
Jorge Robledo dijo que Petro se había “convertido en una rueda suelta dentro del movimiento”. Jaime Dussán repitió que el Polo era partidario de la negociación, no de la guerra, que Petro estaba “uribizado” y andaba en campaña para el 2010. Petro dijo: “Aparta de mí ese cáliz” y explicó que era tonto tildarlo de uribista por llamar “crimen de guerra” a un crimen de guerra. Si añadimos el hecho de que los “puristas” (o radicales) consideran a los “pragmáticos” (María Emma, Angelino, ‘Lucho’, Petro, Navarro) casi como uribistas infiltrados en las filas del Polo, la crisis del movimiento muestra toda su dimensión. Y es una crisis que beneficia directamente a las Farc, a quienes el éxito político del Polo les talla en la entrepierna porque significa una refutación contundente de la jurásica tesis de que la izquierda sólo podía llegar al poder mediante “la combinación de todas las formas de lucha”.
Acostumbrados a demostrar en los foros internacionales, con el expediente del genocidio de la UP, que en Colombia la oposición no tiene garantía alguna, el ascenso del Polo los deja sin un piso político sólido. Pero hay algo peor. La división, y la consecuente pérdida de poder del Polo, no sólo beneficiaría a las Farc, que podrían reencauchar su tesis, sino que dejarían al país en una inopia ideológica lastimosa, reducido al “pensamiento único” del uribismo, movimiento alineado en la onda neoliberal, modelo que ha fracasado sin atenuantes en la solución de los problemas sociales del tercer mundo.
Para evitar tentaciones fundamentalistas, maticemos: lo anterior no significa que el uribismo sea la encarnación del mal ni que en el Polo esté la salvación del país, sino que el pulso entre estas dos fuerzas es indispensable para el equilibrio de nuestra democracia. Por esto, sería saludable que la U siguiera más a sus “disidentes” (Parody, Benedetti y Martha Lucía Ramírez) que a la oscura corriente del director de ese partido; y que los “puristas” del Polo se reconciliaran con los “pragmáticos”, en torno a los muchos principios que comparten, en lugar de agarrarse de las mechas por los dos o tres versículos que los separan.

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